Misceláneas

El Ladrón de Biblias

Jorge Díaz Untiveros
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Veo a mi padre, hombre religioso, caro a Dios, leer con dificultad su pequeña Biblia encuerada de letras pequeñitas. Coincidentemente se acerca el día del padre. Así que decido comprarle una más grande y completa.

En rumbo a la casa de la Biblia.

El hermano que atiende me pregunta qué busco. Le comento que quiero una Biblia más elaborada; que desconozco cómo se llaman en el mundo editorial religioso dichas Biblias, y le explico que mi padre es un lector voraz y Godlover como nadie. Así, asumo que, de existir, dicho libro sería un regalaso para él.

Pido que me enseñe la Biblia con más anotaciones, mapas y notas a pie de página que tenga. Me dice <<usted quiere algo tipo enciclopedia>>. Le comento que cuando era adolescente me regalaron un libro de El Hobbit con dibujos, mapas, notas, varios prólogos, y que venía con un glosario de términos tolkianos, un alfabeto sindarin y un pequeño bestiario. Y fue un regalaso —le digo, recordando lo que aquel libro suscitó en mí.

El hermano me alcanza la Biblia más completa que tiene así como dos libros más, uno de arqueología bíblica y otro muy pesado titulado “Dios en el mundo“.

Le vuelvo a decir que necesito una Biblia como el libro de El Hobbit que le describí. No preciso más. Me dice que no tiene algo como lo que busco. Luego, y quiero creer que porque rechacé los otros libros, repite “El Hobbit“ socarronamente, ladeando la cabeza, acomodándose los lentes. “Tu padre, la Biblia, y tú, el hobbit“. Remata. “Pero si es lo mismo…son ficciones que edifican“ respondo.

Ya en la caja, el hermano me invita a un evento. Le digo que soy ateo y me dice que es acerca de teología. Será por verme parado con una Biblia bajo el brazo o por mi cara de amabilidad que muchos confunden con cara de cojudo, que pillo al tipo mirándome con expresión de estás a punto de caer e insiste en el dichoso evento. Le digo “Soy un ateo comprando una Biblia para mi padre. Lo que es importante para él es importante para mí. Creo que con ello aprobé el test de bondad, tolerancia y empatía.. .y leyendo a Tolkien“. Sonrío pensado para mí “toma por pesado“.

Me deja en paz.

Al momento de salir el portero dice altanero “muéstreme su boleta“ y comienza a revisar mi bolsa con cara de sabueso.

No sabía que robaban Biblias  —le digo. No dice nada.

Y mientras me voy del lugar pensado que “El ladrón de Biblias“ es un buen título para un cuento corto, me asalta una interrogante: si por desesperanza y necesidad alguien roba una Biblia, ¿ello califica como pecado o sería uno de los caminos misteriosos que Dios tiene para llegar a los ladrones?

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