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FUIMOS NIÑOS E INGENUOS

Miguel Ruiz Effio
Escrito por Miguel Ruiz Effio
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La premisa siempre ha sido sencilla e invariable: una noche, un delincuente asalta y asesina al matrimonio Wayne frente a su pequeño hijo Bruce y el niño jura combatir a todos los delincuentes de su ciudad como venganza. Ya adulto y heredero de la fortuna de su familia, Bruce Wayne adopta la personalidad nocturna de Batman, descrito en la mayoría de los cómics como un dedicado científico y el mejor detective del mundo, además de experto luchador. A partir de allí, el personaje creado por Bill Finger y Bob Kane ha transitado por diferentes caminos para su desarrollo en los cómics y, sobre todo, para su representación en carne y hueso.

La Edad de Oro

Antes de que Frank Miller redefiniera al personaje en 1986, y mucho antes de que Tim Burton y Christopher Nolan lo trasladaran al cine en 1989 y 2008, respectivamente, Batman fue Adam West.

 

Durante muchos años —los años de infancia de mi generación— Batman fue un tipo de físico cuidado pero no superdesarrollado, vestido con mallas grises y máscara y capa azules y satinadas. A pesar de que algunos de los secuaces de los villanos llevaban armas, nunca hubo armaduras ni trajes protectores en la representación de Adam West, y a los malvados se les derrotaba y atrapaba a puño limpio, después de soportar extrañas trampas que, vistas ahora con ojos menos ingenuos, eran torturas para ocasionarle una muerte lenta. Quizá esto era lo menos cándido de la serie, pero en ese entonces no reparábamos en ello. La festiva estética de la serie, el colorido traje de Batman (y el de Robin) y la colección de villanos estaban claramente inspirados en la Edad de Oro del personaje, cuando unos pocos trazos daban vida, en el papel, a un Batman macizo, musculoso y con un rictus que lo hacía parecer un eterno sonriente.

Tráiler:

Adam West interpretó magníficamente a ese Batman serio y ceremonioso, humano, inteligente y con altas competencias científicas, pero que de cuando en cuando mostraba torpeza para el comportamiento social. Un encapuchado que se presentaba digno ante una extravagante fauna de villanos, a pesar del modesto traje que él mismo portaba. Cuánto gozamos con las secuencias de peleas («BAM!», «KAPOW!», «CRASH!», «ZOCK!»), en tiempos en que pegarse de puñetazos era lo normal para medirse contra los villanos, desplegando coreografías de baile antes que movimientos de artes marciales mixtas o complicados efectos especiales, y cuando el héroe podía hacer el ridículo con una bomba sobre la cabeza (una esfera con una mecha que se consumía lentamente), porque debía lanzarla al mar y había hasta un ave marina cuya vida debía, noblemente, preservar.

Tráiler (la pelea entre los minutos 11:02 y 13:01 es maravillosamente surrealista):

Batibaile:

 

Luego crecimos y, adultos al fin y al cabo, nos pusimos a pensar en porqué un hombre dedica su vida a cumplir una promesa de justicia, que al fin y al cabo es una venganza, si no es debido a un trauma. Para tratar de entender lo que atormenta a nuestro héroe leímos a Frank Miller y a Alan Moore, los más grandes innovadores en el género de superhéroes, e irremediablemente nuestro héroe se volvió oscuro.

Pero cuando fuimos niños tuvimos a Adam West. Y por ello le estaremos eternamente agradecidos.

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Acerca del autor

Miguel Ruiz Effio

Miguel Ruiz Effio

Escritor. Estudió Administración en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Finalista de la XII, XV y XVII bienales de Cuento Premio Copé 2002, ha ganado el Concurso de Narrativa Ten en Cuento a La Victoria (2008) y el Premio de Cuento José Watanabe Varas 2010 de la APJ. Es autor de los libros de cuentos La habitación del suicida, Un nombre distinto, Y si el olvido un día nos y La carne en el asador. Relatos suyos han sido incluidos en las compilaciones Disidentes: Muestra de la nueva narrativa peruana (Revuelta Editores, 2007), Disidentes 2 (Altazor, 2012) y El cuento peruano 2001-2010 (Copé, 2013). Es director de Campo Letrado, revista de artes.

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