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Las Fábricas de Desafiliación

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Como corresponde a toda sociedad democrática, nuestra Constitución reconoce que los ciudadanos podemos ejercer nuestros derechos individualmente o a través de organizaciones políticas, a las cuales nos afiliarnos voluntariamente. No nos encontramos en un régimen de partido único y nadie puede ser conminado a pertenecer contra su voluntad a un partido político.

La afiliación es, en primer lugar, solemne y formal, pues se requiere que el interesado manifieste expresamente su voluntad de afiliarse y que suscriba una ficha proporcionada por la organización política. En segundo término, es excluyente, nadie puede estar afiliado simultáneamente a más de un partido político, para ello, el interesado debe presentar una declaración jurada de no pertenecer a otra organización política.

De otro lado, la afiliación para ser válida, debe ser aceptada por la organización política, pues esta podría rechazarla. Por último, la afiliación no siempre genera derechos desde su aceptación, pues en caso se encuentre cerrado el Registro de Organizaciones Políticas por un proceso electoral, la afiliación generará los derechos para el afiliado luego de concluido el proceso electoral.

Ingresar voluntariamente a un partido político presupone:

La aceptación de sus normas internas, las cuales principalmente están contenidas en el estatuto partidista, el cual reconoce el derecho de ser candidato a cargos de elección popular y ello trae complicaciones cuando los procesos de selección de candidatos no son eficientes. En esta oportunidad no nos referiremos a los ficticios procedimientos de democracia interna, sobre los cuales hemos escrito bastante, nos ocuparemos de las consecuencias que generan las desafiliaciones con efectos electorales.

¿A qué nos estamos refiriendo?

Muchos afiliados por tener escasas posibilidades de candidatear por existir procesos internos amañados, o porque el partido al que pertenecen tiene escasas posibilidades de éxito o bien que en otro partido les ofrecen una mejor posición en la lista, renuncian a su partido. Hasta allí todo bien, el problema es que renuncian para postular por otro partido.

Consideramos que aquí se origina el primer gran problema pues nuestra legislación permite el transfuguismo cuando lejos de fortalecer los procesos de democracia interna y los cuadros partidistas, permite que un afiliado renuncie a su partido y pueda postular por otro.

Hecha la ley, hecha la trampa…

Pero las cosas no quedan allí, nuestra Ley demanda que dicha renuncia se efectúe cuando menos un año antes del proceso en el cual se postulará, y con ello el segundo gran error, esta vez por omisión. La Ley no precisa el plazo que tiene el interesado para remitir esa renuncia al Registro de Organizaciones Políticas, lo que genera incentivos para el tráfico de renuncias, pues ante la inminencia de un proceso electoral y la inscripción de candidaturas, el afiliado en la práctica renuncia hoy pero “con fecha del año pasado”. Un ejemplo más de hecha la ley hecha la trampa.

En este sentido, dentro de la reforma electoral en marcha, entendemos que resultaría saludable que se revise este mecanismo y, por ejemplo, se impida a quien perteneció a un partido, que pueda postular por otro sino media por ejemplo, una elección, es decir, la renuncia sería válida solo después de la primera elección que siguió a esta, o como medida alternativa, que la renuncia se remita al Registro de Organizaciones Políticas dentro de los 30 días después de haberse producido, bajo sanción de no ser válida para el siguiente proceso electoral, ello impedirá la fábrica de renuncias que vemos cada cierto tiempo.

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Acerca del autor

Fernando Rodríguez Patrón

Fernando Rodríguez Patrón

Abogado PUCP. Experto en temas electorales, conductor del programa televisivo Reforma Electoral.
Post Grado en la Escuela Electoral y de la Democracia, Universidad de San Marcos, Maestría por la Universidad de Lima.
Catedrático universitario. Autor de numerosos artículos sobre temas electorales y de democracia.
Expositor nacional e internacional sobre aspectos electorales.

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