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Twin Peaks, 25 Años Después

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Luego de las cerca de dos horas de los primeros dos episodios con que volvió Twin Peaks, después de 25 años, permanece una sensación de incomodidad. Después de esos primeros minutos de emoción en  que hemos reconocido la música de Badalamenti y ciertos lugares y personajes de la serie, se han sucedido también un ritmo y una  fotografía que son distintos de ella. Unos días después, los dos episodios siguientes no dejan de crear esa misma sensación de desazón y perplejidad. De alguna manera, los episodios de esta tercera temporada se parecen mucho a la película de 1992 (Twin Peaks: Fire Walk With Me): se trata del mismo universo de la serie pero de otro recorrido. Si las expectativas por el retorno de Twin Peaks eran grandes, es bueno recordar qué pasó con la serie en su emisión original para quizás comprender mejor lo que ocurre en la difusión actual.

80’s – 90’s en el Perú

Las series de televisión que llegaron a conocerse fueron Hunter, Comando Especial, El astuto, mientras se eternizaban en redifusiones La Familia Ingalls, La pequeña maravilla, Hechizada y Mi bella genio. En esos mismos años, el panorama de la ficción televisiva americana, la popular y la prestigiosa, señala series como China Beach, Miamivice, Hill street blues y Los años maravillosos. En medio de ellas, es bastante obvio lo atípica y extraña que es la presencia de Twin Peaks. No solo por sus cualidades cinematográficas, en términos de fotografía, de su ritmo y de la música, sino además por el recorrido narrativo y dramático que proponía.

La serie de David Lynch usaba la excusa de la investigación policial (¿Quién mató a Laura Palmer?) para desarrollar varios otros caminos narrativos (la pregunta más extensa: ¿Qué pasa en Twin Peaks?). En particular en su primera temporada, Twin Peaks ofrecía una lectura sobre las formas televisivas de la serie misma (lo más obvio al respecto: la telenovela Invitation to love que ven los propios personajes) y conseguía, además,deslizarnos entre momentos de una abierta comedia que giraban hacia una intensa tristeza (la escena de Leland Palmer, cuya hija ha muerto, buscando bailar con alguien mientras los demás lo imitan es un ejemplo notable de este contraste de emociones).

Se podría así enumerar varias cualidades de la serie y señalar escenas de una curiosa belleza, tanto a nivel audiovisual como dramático: la primera media hora del piloto, que extiende la muerte de Laura Palmer en cada rincón del pueblo; el asesinato de Maddy, que vira de la violencia cruda a la revelación triste de sus implicancias; entre otros. Se podría también, sin mucho esfuerzo, enumerar muchísimas imperfecciones: la línea narrativa de Miss Twin Peaks, la dudosa comicidad de Dick Trimayne, la ridícula maldad de Windom Earle, entre varias otras. Luego, considerado ello y tomando en cuenta que el paisaje de la ficción televisiva ha cambiado bastante en estos años, podríamos también preguntarnos si Twin Peaks es mejor que Breaking Bad o The Wire, por citar solo dos series de las valoradas actualmente. La respuesta, creo, es no. En términos de su coherencia narrativa, de la uniformidad y complejidad de sus temporadas, de la dirección de actores, es claro que cualquiera de esta dos conforma un todo mejor, más completo y acabado, que el de Twin Peaks.

Me parece evidente la imperfección de Twin Peaks, como me parece también, que esos momentos de belleza y emociones revueltas que he conseguido vivir con esta serie, no los he conseguido con ninguna otra. En ese sentido, esta nueva entrega ha ofrecido ya su parte en este paseo de sensaciones. Ha ofrecido también, al menos lo parece hasta ahora, su parte de decepciones. No creo que sea, todavía, razón para alarmarse. Twin Peaks fue y es aún una serie imperfecta. Hermosamente imperfecta.

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Acerca del autor

Miguel Ángel Torres Vitolas

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